Profesionales argentinos que venden sus conocimientos afuera.
Las exportaciones argentinas de servicios sumaron US$ 4527 millones en 2001, un 20% de todo lo vendido en el exterior. En la última década, este sector creció a un ritmo del 9% anual en todo el mundo (superando el 7% de incremento de los bienes) y representa el 64% del producto bruto argentino.
A un año de haber reabierto sus puertas, el frigorífico Carnes Carcarañá logró triplicar el personal ocupado tras haberse posicionado con buenas perspectivas en el mercado internacional. La firma comenzó a enviar 300 toneladas mensuales de carne vacuna deshuesada a Argelia y se prepara para exportar, en el transcurso de las próximas semanas, otras cien a Egipto.
En un tiempo récord de dos meses MGI Coutier Argentina S.A. desactivó una planta de inyección de plástico que funcionaba en Brasil y con una inversión de un millón y medio de dólares, instaló la compleja maquinaria en Córdoba. Desde allí está produciendo más de 5.000 tapas de válvulas de plástico destinadas a los motores de los Renault Clio y Kangoo y Peugeot 206 que se fabrican en Brasil.
Las firmas que se agruparon para exportar lograron incrementar más de un 40% sus ventas.
El último informe del Instituto para el Desarrollo Sectorial de las Exportaciones Argentinas de la Fundación BankBoston confirma que la asociatividad es una receta exitosa para que las pequeñas y medianas empresas logren exportar.
Los derechos de exportación del 10% que hoy pagan las frutas frescas podrían reducirse al 5% si avanza un proyecto de ley que va en ese sentido y ya cuenta con dictamen favorable de la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados.
Más de 30 pequeñas y medianas empresas de distintos rubros se encuentran en una misión comercial en Centroamérica organizada por la Secretaría Pyme, la Fundación Exportar, el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), el Banco Centroamericano de Integración Económica y la Asociación Dirigentes de Empresa.
La creciente demanda de caracoles comestibles en Europa ha impulsado el surgimiento de criaderos en la Argentina.
Son menos ahora los argentinos que observan con indiferencia el silencioso deslizar del caracol por las paredes de su jardín. Es que, además de su casita a cuestas, este molusco lleva consigo lo más preciado en estos días: promesas de rentabilidad.
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