El Consorcio Exportador de Muebles, Madera y Accesorios de General San Martín (Coemma), radicado en el Gran Buenos Aires, se está preparando para exportar el año que viene a Estados Unidos dos contenedores por mes; uno con diez tipos de muebles distintos y otro, sólo con puertas. Las fortalezas que el grupo exhibe en los mercados externos es fruto del trabajo en conjunto de los distintos actores sociales de San Martín, que logró traspasar las fronteras de las fábricas, del partido, llegar hasta Italia y encontrar un padrino.
Si observamos los números de la balanza comercial argentina, veremos que nuestras exportaciones siguen teniendo en su composición una fuerte presencia de productos básicos así como una pobre participación de productos semielaborados, en tanto que los productos con valor agregado solo alcanzan el 9 % del total.
Si bien algunos funcionan desde los tiempos de la convertibilidad, es recién a partir de la devaluación que los consorcios de exportación ganan en notoriedad y se multiplican. A las más conocidas experiencias oficiales de la Sepyme, o mixtas como de la Fundación Exportar y BankBoston, se agregan recientes iniciativas de cámaras empresarias.
Desde que en el país se desarrollaron las fábricas automotrices la evolución para abastecer el mercado de reposición también creció. Así, el sector autopartista se posicionó con productos de calidad que compiten en el nivel internacional.
A partir de la última devaluación el rubro tuvo una movilidad importante. Las exportaciones han crecido a un ritmo del 12% anual promedio durante los últimos años.
A la movida exportadora no sólo se subieron los productos. Los servicios también traspasaron las fronteras. Claro que exportar bienes intangibles puede ser mucho más complicado que salir a vender un producto terminado. El grado de compromiso es otro, el tiempo dedicado es mayor y las ganancias se triplican... igual que los problemas.