Producir y exportar orgánicos es el meganegocio de 2004. La Argentina es el segundo país en superficie para su desarrollo, y ya se venden al exterior los productos más diversos, desde vegetales hasta cosméticos. Todos los secretos de una "oportunidad" de u$s 14.500 millones. Preocupados por el origen y la seguridad de los alimentos, los consumidores de los países centrales se están volcando cada vez más a los productos orgánicos o "ecológicos".
En la Argentina crece un nuevo y pujante negocio: la cría de animales no tradicionales como caracoles, llamas, chinchillas, conejos, búfalos, faisanes y ñandúes, de escaso consumo interno pero con buena demanda en el exterior. El surgimiento de estos nuevos nichos de mercado está íntimamente ligado a la devaluación de la moneda a principios del 2002, que generó nuevas perspectivas para aquellas actividades orientadas al mercado internacional.
Argentina, el quinto productor mundial de vinos, alcanzará este año un récord de exportaciones de 200 millones de dólares, contra los 160 millones de dólares del año pasado después de que las bodegas se beneficiaron con la devaluación de la moneda local de 2002, que redujo sus costos. "Esperamos que el boom continúe, pero esta expansión puede tocar su techo si Argentina no logra más acceso al crédito", comentó el jefe del Instituto Nacional del Vino, Enrique Thomas.
Este año, algunas crecerán un 50 por ciento en relación a 2003. Apuntan a un mayor crecimiento en el desarrollo de software. En la provincia existe una veintena de Pyme (de un universo de 40) que ponen sus fichas en la exportación. Muchas de ellas aprovecharon la devaluación de principios de 2002 para aumentar su competitividad e impulsar sus negocios en el exterior; otras, utilizaron sus productos como cuña para ganar espacios.
Un año récord, tras otro año récord. Si en 2003 los 29.349 millones de dólares exportados hicieron historia, será por poco tiempo. Para 2004, los especialistas prevén que el país venderá al mundo entre un 5 y un 10% más que el año pasado, aunque la crisis energética amenaza con tirar los números por la borda.