Qué representa el fenómeno chino para el mundo?. - China es, a la vez, una amenaza y una oportunidad. Pero demos un paso atrás, porque no se puede considerar a China sin lo que está sucediendo en Asia en su conjunto. Esto es importante porque uno de los problemas principales que tenemos al analizar los casos de China o de otros países de la región, es no ver a Asia como un sistema. Y el fenómeno
chino implica una reestructuración industrial que influye en toda Asia del Pacífico por la profunda interacción que se generó entre los distintos países del área. Esto tiene enormes consecuencias para el sistema mundial, y las tiene, obviamente, para América latina. Una de ellas es el cambio en el centro de gravedad del comercio y la producción. A partir de la Segunda Guerra Mundial, el sistema dinámico era el del comercio entre Estados Unidos y Europa, incluyendo Japón. Después pasó a ser la relación fundamental entre países del norte y los del sur. Y hoy el centro de gravedad es cada vez más el comercio y las redes de producción entre países del sur. Pero de un sur hacia el este, es decir, hacia el Pacífico. En este movimiento, las empresas transnacionales tienen una presencia dominante —el 80%, 83% de la producción, está manejada por ellos (tanto China como otros países)-, pero por el desplazamiento geográfico de las actividades también implica una reestructuración del sistema mundial.
¿Cómo describe la dimensión financiera de este fenómeno?
—Hay una relación especial entre Estados Unidos y China similar a la que se dio con Japón hace veinte años y es que China con su superávit comercial con los Estados Unidos compra bonos del Tesoro de ese país. Esta relación es denominada por Rubens Recúpero, ex director de la UNCTAD, como de desequilibrios estables: en la medida que China siga comprando bonos del Tesoro, va a poder venderle al país del norte y Estados Unidos comprarle al asiático. Es un juego que funciona y que tiene a ambos jugadores como rehenes.
¿Cómo participa el resto de Asia en la reestructuración?
—A través del comercio que está muy vinculado con la inversión. Japón incorpora en China toda su producción de punta, de alto valor agregado. Y esto implica un nuevo desafío para China, que tiene recursos humanos ya preparados y que es muy rápida para copiar y adaptarse. Por otra parte, China, con sus industrias intensivas en mano de obra, es una enorme competencia para el sudeste asiático. Esta competencia lleva a los países del sudeste a elevar su nivel de productividad en las manufacturas y su nivel tecnológico en general. China ha conquistado parte del mercado mundial de productos intensivos en mano de obra que tenía el resto de los países de Asia. Pero ahora esos países le venden muchos insumos intermedios que China necesita para su producción: Japón le agrega tecnología, y el financiamiento llega de Europa, de Estados Unidos y de Japón. En realidad llega de todas partes, porque también invierten en el continente la comunidad china de ultramar y Taiwán.
¿Cómo incide este escenario en nuestra región?
—Estos cambios son muy importantes para América latina. Hace veinte años, cuando yo escribía sobre estos temas, decía: "Tenemos que vincularnos de alguna manera con Japón", porque era el motor de la producción industrial y de lo que en términos técnicos se llama encadenamiento industrial. El caso es que, salvo contadas excepciones, no lo hicimos. Ahora el comercio de Latinoamérica con Asia se basa en la venta de recursos naturales. Para cambiar eso tenemos que buscar cómo vincularnos en el comercio industrial.
¿Por qué otros tuvieron mejor suerte?
—Algunos, como Nueva Zelanda y Australia, están beneficiados por la cercanía y además venden productos primarios e industrializados. Nueva Zelandia no da abasto con su producción de lácteos para satisfacer la demanda china. Pero países más lejanos como Chile hoy tienen en Asia un mercado impresionante porque supieron vender y desarrollaron productos con demanda asiática.
¿Qué papel puede jugar Argentina?
—Puede aprovechar ese tipo de rubro, pero también tiene oportunidades en otros como la biología aplicada a alimentos, tecnología nuclear con usos pacíficos, sistemas de software parasatelitales, medicina y otros productos con los que el país puede formar una canasta estratégica.
Esas son las oportunidades. ¿Cuáles son las amenazas?
—Según los estudios que se han hecho, en terceros mercados no estamos muy amenazados en forma directa, porque no somos competitivos en los productos de exportación de China. No es el caso de México que sí está amenazado en textiles porque China los produce muy barato y le ha quitado un cupo importante en el mercado americano. México también perdió inversiones en sectores de mano de obra intensiva, que prefieren las oportunidades chinas. En el mercado local la situación es incierta. Por una parte, la invasión de textiles chinos que se esperaba después de su ingreso a la Organización Mundial de Comercio (OMC) no se ha producido. Más aún, en 2004 la Argentina le concedió a China el reconocimiento de economía de mercado, lo cual reduce la posibilidad de respuestas proteccionistas a las importaciones provenientes de ese país. Pero hasta ahora esa medida no tuvo los efectos catastróficos que se temieron. No obstante, la Argentina tiene un desafío que no es sólo frente a China sino de orden general, que es cómo elevar su nivel de producción y de competitividad.
¿Cuáles serían entonces las mejores estrategias?
—Desde el punto de vista comercial, una estrategia adecuada es la búsqueda de nichos en los mercados. El país no puede competir "en general", hay que definir qué rubros son más competitivos con los recursos que tenemos. Por ejemplo, no se puede competir en calzado barato, en Asia ni en ningún lugar del mundo. Pero sí se puede hacer calzado sofisticado, con diseño incorporado y buen precio. Otro rubro con posibilidades es el de farmacia y no sólo en los genéricos. Ya hay empresas locales que están exportando a China. Un punto a tener en cuenta es la dimensión del mercado. Cuando hice contactos para vender algún producto, nunca lo pude lograr porque la cantidad era astronómica en relación a la capacidad de los productores locales. En China, la población de una provincia puede equivaler a dos o tres Argentinas
¿La Argentina sabe vender?
—Un problema frecuente es que ni los empresarios ni los organismos del Estado están bien preparados para conocer y adaptarse a la idiosincrasia de los clientes y los mercados. Los asiáticos tienen sus métodos de negociación muy peculiares y muy duros y es necesario tenerlos muy en cuenta. Cuando se quiere ingresar a un mercado asiático hay que saber cómo funciona la sociedad, cómo está articulado el sector empresario, cuáles son las pautas culturales generales y las del sector empresario, las de los funcionarios de gobierno y demás. Hay muchos casos de empresarios que llegan a un país y no saben con quién negociar ni cómo, cuál es el nivel real de negociación o si el señor que tienen enfrente es el que finalmente toma las decisiones. Todo esto es una delicada ingeniería Por ejemplo, hay países de Asia donde si uno no tiene una amistad personal con los miembros del gobierno, los negocios no prosperan. Guste o no, eso es una realidad.
¿Qué habría que hacer para aprovechar las oportunidades asiáticas?
—En primer lugar, la Argentina tiene que cambiar su forma de concebir el mundo y esto es un problema de la sociedad. Hay que mejorar el conocimiento del mundo y Asia es una parte sustancial de ese conjunto. Y en este tema hay un enorme grado de desconocimiento. Y esto lleva naturalmente al temor a lo desconocido. Por eso el sector empresario tiene obviamente mucha resistencia a lanzarse a la aventura sin un marco de referencias. Para superar ese déficit de conocimiento hay que concertar lo público y lo privado pero, lo digo por una larga experiencia personal, hay resistencias de ambas partes para avanzar en ese sentido.
Entrevista a Carlos Juan Moneta - Experto en Relaciones Internacionales
Diario Clarín