"El 15 de noviembre vamos a concretar el primer embarque de válvulas, primero para las Maserati y luego para la producción 2004 de Ferrari", detalló José Luis Basso, presidente de la autopartista.
La marca de las válvulas Basso es 3b y se exportaban mucho antes de la devaluación: en el 2001, por ejemplo, las ventas al exterior representaban el 70% de los casi 14 millones de válvulas que producen cada año. Facturan 24 millones de dólares por año y emplean a 670 personas.

Para este año, las exportaciones representarán el 92% de la producción. El 55% de esas ventas saldrán hacia Estados Unidos y Francia. Basso es un poco como el reino del revés, al menos respecto la percepción de que la Argentina es una productora de materias primas y compradora de productos industrializados con esa misma materia prima. En la planta de ruta 70 y Oliber ingresan cajas con barras de acero importadas desde Austria y salen transformadas en válvulas hacia el exterior. Los principales clientes de Basso son la Peugeot francesa, las plantas de Detroit (EE.UU.) de Ford y Chrysler, International (Brasil) y distintas plantas de John Deere en Estados Unidos, Canadá, México y Francia.

Fundada por tres inmigrantes piamonteses en los años 60, Basso no sólo recorrió un camino a la inversa con respecto a decenas de autopartistas argentinas que a fines de los años 90 cerraron sus puertas y concentraron su actividad en Brasil. Además, el año pasado compró el remate judicial de una competidora de Estados Unidos, la fábrica Manley, por la cual pagó US$ 2 millones, en pleno proceso de devaluación. En vez de ponerse a fabricar en EE.UU., Basso optó por traer en contenedores hasta Santa Fe las 17 máquinas y recauchutarlas en su propio taller, para ampliar la producción de Rafaela.
Por Luis Ceriotto
Fuente Diario Clarín