El vino de Chile goza del privilegio de entrar a la mayoría de los países latinoamericanos con arancel cero y con sensibles bajas en mercados tan importantes como la Unión Europea o de futuro como Canadá. Privilegio que la Argentina no tiene, salvo con sus socios del Mercado Comun del Sur (Mercosur), con quienes Chile también tiene algunos privilegios. Según un estudio elaborado por técnicos de ProMendoza en base a datos de 2006, los vinos argentinos tienen arancel cero de importación (lo que pagan por sobre el precio de venta para entrar al país comprador) sólo en Brasil, Uruguay y Paraguay, sus socios del Mercosur. Mientras que los vinos de Chile entran con tasa cero a Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, México y Nicaragua.
Esto implica una fuerte ventaja competitiva de Chile por sobre la Argentina, ya que por ejemplo un vino del país que intenta ser vendido en México tiene que pagar a ese Estado un sobreprecio del 8% por sobre el valor de importación o del 17,6% en el caso de Venezuela, mientras que el vino del vecino país entra con tasa cero. Precisamente para negociar una reducción de esos aranceles, la semana pasada una delegación encabezada por el presidente del INV, Raúl Guiñazú, viajó a México con el Presidente.
Si el vino es argentino, y tomando como ejemplo una botella de U$S 10, venderlo en México o Venezuela implica pagar por él U$S10,80 o U$S11,76 respectivamente con arancel incluido, mientras que si el vino es chileno el importador va a seguir pagando U$S10. La diferencia de uno en detrimento del otro es que el exportador de vinos de Chile puede tener un mayor margen de ganancia o, gracias a su ventaja arancelaria, puede ofrecer precios más bajos que sus competidores sin perder tanta rentabilidad.
La mala noticia es que esta situación se vive en la mayoría de los países de América Latina, con casos donde mientras el vino trasandino paga arancel cero, el de la Argentina tiene que hacer frente a tasas del 20%, 27% y hasta del 35% por sobre el valor de venta del vino.
Pero esto no se da sólo en Latinoamérica, también el vino de Chile entra con ventajas arancelarias a mercados tan importantes como Canadá o la Unión Europea, según datos aportados por ProMendoza.
En Canadá se le cobra al vino un sobreprecio de 0,0374 a 0,0935 dólares canadienses por cada litro importado según el tipo de vino y su graduación alcohólica. Argentina lo tiene que pagar, mientras que Chile no.
Algo similar ocurre con la Unión Europea. Este bloque económico cobra por sobre el precio de importación entre 13,1 y 15,4 euros por cada hectolitro de vino. Argentina tiene que pagarlo, mientras que Chile paga sólo entre 2,6 y 3 euros tambíen por cada hectolitro.
Poder de negociación
Por qué un país paga más que otro es el resultado de lo que cada Estado puede negociar con otro a cambio de ciertos beneficios. El caso de Chile es paradigmático porque, en base a sus características, recursos y modelo productivo, decidió no vincularse de lleno con ningún bloque económico y negociar Tratados de Libre Comercio (TLC) con la mayor cantidad de países posibles. Así llegó a ser el primero y único país que tiene un TLC con China y al mismo tiempo uno igual con Estados Unidos y la Unión Europea.
La Argentina tomó otro rumbo. Formó el Mercosur, con Brasil, Uruguay y Paraguay como socios, y a través de este bloque buscó salir a negociar al mundo. Esto le da un peso que no tendría si estuviera sola, pero resigna la posibilidad de negociar en forma individual como hace Chile. En esto y hasta ahora la vitivinicultura ha quedado relegada, porque no es prioridad para los países miembros. De ahí el atraso y los aranceles que tiene que pagar el vino argentino en los países de Latinoamérica y el resto del mundo.
"Las empresas lo venimos planteando y siempre fue un problema muy serio. Lo grave de todo esto es que se han hecho grandes inversiones en tecnología y viñedos para obtener mejores vinos y cuando una sale a vender y competir los vinos argentinos pagan mucho más que los de otros países. Y terminan perdiendo", dijo Juan Carlos Pina, gerente de Bodegas de Argentina.
"La Argentina tiene dificultades por el hecho de pertenecer al Mercosur, mientras que Chile se maneja en forma individual. El modelo chileno es exitoso pero no es aplicable a un país como Argentina con sectores económicos sensibles como la agricultura o la industria automotriz", explicó Héctor Smud, gerente de ProMendoza.
El funcionario agregó que en los últimos años se han comenzado a mover los países miembros del Mercosur para tratar de cerrar negociaciones puntuales con beneficios para determinados sectores. Estas ventajas, dijo, son puestas luego a consideración del resto de los países miembros.
Aun así, Smud defendió el avance de las negociaciones comerciales internacionales para reducir o bajar aranceles como una forma de competir en mejores o iguales condiciones de precio y calidad. Por Federico Manrique. Diario Los Andes
El vino argentino paga mas aranceles que el chileno
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