David Faulkner, ex director del MBA de la Universidad de Oxford, afirma que la Argentina "debe recurrir a alianzas estratégicas para insertarse en el comercio mundial". Señala que "las exportaciones de la región son caras" y advierte sobre los riesgos de la inestabilidad, las retenciones y la corrupción. "El país debería fortalecer su sector productivo e industrial con más valor. Lo más adecuado sería tener una economía basada en varios nichos especializados, como la industria del turismo, el diseño, la vitivinicultura, todos aquellos sectores donde se pueda proveer de un valor agregado, con tecnología y especialización". David Faulkner es profesor de Estrategia y director del MBA de la Royal Holloway University of London y fue titular de MBA de la Universidad de Oxford. Además, este experto británico, que visitó Buenos Aires invitado por la UADE, es consultor de empresas públicas y privadas y su campo de especialización se centra en la construcción de escenarios económicos y la definición de estrategias corporativas para abordarlos. "Para que la Argentina deje de ser sólo un exportador de commodities casi sin valor agregado, las empresas deben instrumentar alianzas y estrategias de cooperación con compañías globales líderes", aconseja Faulkner.
Sin embargo, en todo momento evita tomar el lugar de gurú económico o geopolítico. "Dios ama a aquel que puede pronosticar el futuro –afirma con una humorada–. Nadie sabe a ciencia cierta lo que puede pasar en el mundo a corto plazo. Pero, por un lado vemos que Medio Oriente puede llegar a explotar y provocar grandes crisis. Por otro, es probable que China e India lleguen a dominar el mundo industrial. Finalmente, las economías tradicionalmente grandes, como Estados Unidos y Europa, probablemente proveerán de valor agregado a aquellos países que se van a dedicar a esta nueva industrialización en sus propias economías".

En ese contexto, ¿qué oportunidades tiene América latina y la Argentina en particular?

Realmente, tanto la Argentina como América latina están en problemas. Primero, porque producen y exportan sólo materias primas o productos primarios y, en segundo término, porque hay un 30% de impuestos a las exportaciones, con lo cual se convierten en un mercado muy caro. Así es muy difícil competir con los mercados de Oriente.

En cuanto a la competitividad, ¿no tienen mucha influencia también las barreras arancelarias y paraarancelarias de los mercados de destino?

Seguro que sí, pero igual continuarían en problemas por un tema de localización, porque el lugar físico en donde están China e India es mucho más estratégico, entonces lo que deben hacer es simplemente algo distinto.

GRÁFICOS. Más allá de las distancias y los derechos de exportación, la pregunta es: ¿los productos de la región son caros o en realidad la mano de obra de la competencia es muy barata? En lugar de responder, y por su inevitable vocación catedrática, Faulkner se levanta de su sillón, se acerca a la pizarra y hace un esquema que sintetiza el escenario económico-productivo mundial.
Faulkner: Por un lado, tenemos economías de escala y por el otro tenemos países que aportan valor agregado y expertise. Si tomamos el ejemplo de los autos Porsche, obviamente no tienen una gran producción pero son sustentables porque todos los reconocen como símbolos de calidad. Los clientes de la automotriz no están interesados en el precio sino en las cualidades de esos autos. Retomando el esquema de economías de escala, por otro lado tenemos a las empresas de servicios públicos, como el gas y la electricidad, que se basan en la escala pero sin nada específico. También están los productos agrícolas básicos, con nada especial y donde no hay gran expertise, como la soja.

¿No considera que esta oleaginosa tiene un enorme desarrollo biotecnológico detrás de cada semilla?

Sí, pero a lo largo del tiempo eso lo puede lograr cualquier persona, no es un nicho en sí mismo y no es una economía de escala. Finalmente, tenemos el apartado más importante que podemos representar con la compañía Microsoft, donde hay economía de escala y especialización. Si en América latina tuvieran la industria de Porche o Microsoft tendrían grandes ganancias y sería el mejor escenario. A esta altura, todos los países deberían preguntarse: ¿qué queremos producir?

Quizás los países se contestarían: "Lo que podemos", porque los ejemplos que usted cita son únicos en el mundo y no es fácil imitarlos.

Dentro del esquema planteado, mi consejo es que los países de la región deben tender hacia la especialización y lograr un mayor volumen de producción. Para eso se puede recurrir a grandes genios e inventores locales y, sino los tenemos en casa, una buena alternativa es llevar a cabo un ‘joint venture’. Es decir, importar expertos del exterior para que puedan ayudarlos y realizar alianzas estratégicas con otras empresas, que podrían aportar inversión directa extranjera y valor agregado.

¿Cree que la Argentina y la región son interesantes para los inversores?

Lo que yo observo es que aquí falta un valor agregado para seguir creciendo dentro de la industria nacional. Entonces, la idea sería ver cómo pueden ser lo suficientemente atractivos para lograr dicho objetivo.

¿Tienen posibilidades la economía y las empresas argentinas de competir a nivel global en mejores condiciones, más allá de la producción agroalimentaria de exportación?

Yo no les aconsejo abandonar la producción de commodities. Pero si quieren lograr una mayor riqueza, un mayor Producto Bruto Interno y una mejoría en el nivel socioeconómico de la población, deberían tener expertos desarrollando productos de alto valor agregado en pequeña y gran escala, como en mis ejemplos de Porsche y Microsoft.

DIAMANTES. Consultado sobre si considera que es posible que alguien quiera apostar en esos negocios aquí, el consultor de empresas vuelve a su rol de docente y traza un rombo en el pizarrón. "El atractivo de un país para los inversores externos se explica con el diagrama del diamante –detalla mientras dibuja–, que es muy fuerte en países como Inglaterra, Estados Unidos y Canadá, que se está fortaleciendo en China e India, y es muy pobre en Africa, por ejemplo".

¿Qué representa ese diagrama?

El diamante está construido por cuatro vértices que representan las fortalezas domésticas de un país para facilitar sus exportaciones. Grandes empresas con una fuerte y adecuada estructura organizacional; una considerable demanda interna para ayudar al crecimiento de esas compañías y facilitar sus exportaciones; factores de producción y facilitadores, como universidades, profesionales, tecnología, y otras empresas de menor porte que apoyen a las industrias emergentes, a través de su subcontratación, y ayuden a fortalecer el mercado.

¿Cómo se podría aplicar este diagrama a la Argentina?

En este país hay buenos factores de producción, gente inteligente y preparada y buen nivel educativo. Pero no existen empresas que puedan aportar al crecimiento de las grandes compañías, y la estructura organizacional empresaria no es muy buena. Por otro lado, hay muchas PyMEs que no tienen muchas posibilidades de convertirse en empresas globalizadas, en grandes corporaciones. Si por una cuestión cultural se decide mantener a esas pequeñas y medianas empresas, y se quiere que esas PyMEs florezcan, tendrían que formar alianzas estratégicas con otras compañías de distintos lugares del mundo. Además el mercado doméstico es muy pequeño.

Según su esquema, ¿el único punto fuerte son los recursos humanos?

No, porque si estos factores de producción persisten, con el tiempo se va a incrementar la demanda y de ese modo se van a fortalecer las grandes empresas. Si éstas forman alianzas estratégicas con otras compañías globales, también arrastrarán a las pequeñas y medianas firmas que apoyen su crecimiento.

¿Para un inversor extranjero, contar con buenos factores de producción en la Argentina es suficiente? ¿Con qué recursos se pueden suplir las carencias?

En realidad, el país debería fortalecer su sector productivo e industrial con más valor. Lo más adecuado sería tener una economía basada en varios nichos especializados, como la industria del turismo, el diseño, la vitivinicultura, todos aquellos sectores donde se pueda proveer de un valor agregado, con tecnología y especialización.

¿La Argentina puede aumentar su bajo nivel de inversiones actual, a través de alianzas estratégicas o de fondos del exterior?

Potencialmente, sí. Un punto negativo es la poca estabilidad política del país. Otro son los impuestos a la exportación que impone el Gobierno, que no existen en ningún lugar del mundo y que están dificultando el crecimiento de sus ventas externas. Pero el factor más negativo es la corrupción política que invade a la Argentina, según me han informado, y es el motivo de que haya muchas coimas.

¿Quiénes le hicieron este comentario: empresarios, economistas o colegas?

De los tres sectores me dijeron que hay menos corrupción que en el pasado, pero que persiste. Y más allá de si es verdad o no, lo que acá cuenta es que la corrupción se percibe como real. Estamos viviendo un mundo post Enron y la corrupción sería una barrera para que los grandes inversores se sientan interesados de venir a colocar su capital en este mercado.

¿Considera que el actual Gobierno de Argentina genera confianza en los inversores?

Pienso que el Gobierno tiene dos puntos a favor: un crecimiento del 9% anual en el producto bruto es muy positivo, y la fuerza de trabajo argentina es bastante buena, aunque no es tan atractiva para los inversores porque no está del todo capacitada. Si este país logra fortalecer los otros vértices de su ‘diamante’, como ocurre con el modelo americano o el canadiense, puede llegar a integrar las redes del comercio mundial.

¿Cuáles son los sectores más atractivos para invertir en el país y en cuáles se deberían concentrar las empresas locales?

Lo fundamental es tener más fortalecido el sector de los productos terminados de todas las ramas industriales y agregar más valor. En ese sentido, los impuestos a la exportaciones son un grave freno y deberían ser eliminados cuanto antes. Mi consejo es que sigan trabajando sobre diversos nichos y, por qué no, probablemente algunos de ellos se conviertan en el futuro en un ‘Microsoft’ argentino.

¿Conoce casos de empresas argentinas que hayan logrado algo similar?

No, aún no lo han logrado. Advierto que el problema es que no han implementado la estrategia correcta, ese es el punto en donde fallaron. En verdad, mi percepción es que aún ni siquiera lo han intentado. Después del colapso de 2001, me parece muy sensato que hayan logrado cierta estabilidad y tranquilidad económica, pero creo que a partir de ahora deben elaborar una estrategia más efectiva para alcanzar un nivel más alto. Un camino posible es realizar joint ventures que puedan fortalecer la industria nacional y al mismo tiempo abrirse al mundo.
Por Patricio Ballesteros Ledesma - Revista Fortuna