Con el empuje de insignias como cereales, oleaginosas, azúcar, frutas y hortalizas, las exportaciones de productos orgánicos (que no utilizan agroquímicos) crecieron de 45 a 90 millones de dólares durante 2006 con relación a 2005. Así lo informó el presidente del Movimiento para la Producción Orgánica (MAPO), Gonzalo Roca, que advirtió que, pese a esos datos alentadores, el sector debe hacer frente al desafío de profundizar la asociación de productores mientras se espera un mayor compromiso oficial para ayudar a su expansión. "La producción está en franco crecimiento, pero todavía hay mucho que hacer dentro de la estrategia de los productores con temas ligados al cooperativismo y a la manera de vender", señaló el dirigente.
Definió como "una deuda pendiente" formar equipos de trabajo para ofrecer soluciones técnicas productivas y de incursión en el mercado, especialmente en el interno.
Lo sostuvo al término de una jornada sobre estrategias de negocios para esa corriente de la producción primaria argentina que se desarrolló en la Bolsa de Comercio de Mendoza con la presencia de agricultores, pequeños industriales, investigadores, docentes y funcionarios del gobierno provincial y de organismos técnicos como el INTA, la Facultad de Ciencias Agrarias de Mendoza y el Instituto de Desarrollo Rural.
El MAPO espera que el mes próximo el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) difunda las cifras oficiales del ciclo 2006, aunque se anticipa un aumento de las ventas en el mercado interno, la cantidad de hectáreas certificadas durante 2006 y la ampliación del número de emprendedores.
Las cifras de 2005 señalan que en el país hay 3.100.000 hectáreas certificadas de explotaciones orgánicas, de las cuales 386.000 son de origen agrícola y se registraron 43.700 hectáreas cosechadas cuya mayor proporción se concentra en cereales, oleaginosas, frutales y hortalizas.
En la provincia de Mendoza se registra un incipiente desarrollo de explotaciones vitivinícolas, olivícolas, frutícolas y hortícolas. Roca sostiene que el sector tiene fuerza y creatividad para motorizar un cambio sociopolítico con el que se pueda dar solución a "los problemas de arraigo, alimentación, salud y pobreza en la sociedad".
El dirigente agregó que en esa materia "hay una enorme tarea por hacer" y por ese motivo están trabajando en "identificar todas las instituciones dedicadas a la producción orgánica para formar equipos que sirvan cada uno en su rubro a un mismo fin: el aumento de la producción orgánica y el mayor bienestar que puede traer, no sólo mirando la exportación".
Experiencia chilena
En el mismo encuentro, el especialista Ernesto Labra, del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias de Chile, trazó un panorama sobre la visión estratégica de la producción y comercialización orgánica en su país.
En diálogo con La Nación, sostuvo que "en nuestros países hay grandes ventajas para aprovechar. El mercado orgánico crece a una tasa de entre el 20 y el 25% anual y eso ofrece grandes oportunidades de producir porque existen condiciones ambientales muy favorables".
Después de considerar que todo depende "del esfuerzo empresarial que se ponga para cubrir los espacios que hay en el mercado ubicando nuevos productos", el profesional advirtió que no se debe perder de vista que los importadores "nos exigen que cumplamos con todas las normas de inocuidad del alimento y que reflejemos en el producto aspectos que valoran la cultura, la tradición y el medio ambiente".
Para Labra, la sustitución de una tradición agrícola de años por labranzas sometidas a criterios de defensa del ambiente "implica un cambio cultural, pero vemos cada vez más que los pequeños agricultores parecen ser los que tienen más dificultades para los cambios, pero son los que más rápido van adoptando estas técnicas de producción".
Para destacar el proceso de asociación, citó el caso de una bodega chilena dedicada a la elaboración de vinos procedentes de uvas orgánicas que utiliza la producción de 15 pequeños agricultores cuyas propiedades suman apenas 18 hectáreas.
En ese orden, el profesional chileno destacó que "los mercados reconocen cada vez más que es importante cooperar con la pequeña agricultura y con la superación de la pobreza en los países a partir de pagar sobreprecios a los productos de condiciones especiales". En ese sentido, subrayó las ventajas del movimiento "del comercio justo que busca apoyar a la pequeña agricultura que hace un esfuerzo para poder permanecer en estos mercados cada vez más globales y competitivos".
Por Sergio Dimaría
Diario La Nación